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miércoles, 21 de enero de 2009

Confesiones de un soldado israelí: "Tratamos a los palestinos como a animales"

inSurGente (Bismil-Lahir-Rahmanir Rahim) - 24.07.06

Comienzan a surgir en la sociedad israelí las primeras voces contra la guerra. El domingo, una marcha en Tel Aviv para pedir el final de los bombardeos en Gaza y el Líbano. Hoy, una noticia que conmocionó a la opinión pública: el sargento Itzik Shabbat anunció que se negaba a participar en la ofensiva contra Beirut. “Lo hago para oponerme a esta locura y para romper con la ilusión de que todos estamos a favor de esta guerra innecesaria basada en mentiras”, afirmó este joven reservista de 28 años que vive en Sderot, ciudad próxima a Gaza en la que suelen caer los misiles Qassam de Hamás. Se acerca la hora del regreso a Gaza. Apuro las últimas entrevistas en Jerusalén. En un café de Jaffa Road, me encuentro con Yehuda Shaul, fundador de la ONG Breaking the silence (Rompiendo el silencio). Hagan clic en "Leer más" para acceder a sus declaraciones y a un estremecedor álbum de fotos.

“Todo es una locura: la ocupación, la forma inhumana en que tratamos a los palestinos”, me dice. “En Israel entras al Ejército con 18 años porque quieres luchar contra el enemigo de tu país, porque quieres dejar tu marca en la historia, y haces lo que te dicen, sin pensar. Y allí todo te ayuda para que no pienses. Misiones que cumplir, órdenes que seguir”

“Y no ves a los palestinos como seres humanos, los ves como animales. Entras a su casa durante la noche, los despiertas, les gritas, las mujeres allí, los hombres allí, y rompes todo. Son cosas que no harías aquí en Israel, pero las haces allí. Y, para poder hacerlo, niegas la realidad. Es la única forma. Creas entre tú y la realidad un muro de silencio”.

“Te pongo otro ejemplo: si encuentras en la noche un paquete sospechoso que puede ser una bomba, llamas al primer mohamed que encuentras en la calle y le dices que lo abra. Podrías llamar a un experto que lo desactivase, tardaría diez minutos en venir, pero mejor hacer que un palestino se juegue la vida, ya que para ti es lo mismo, no lo ves como un ser humano. Yo hacía eso con mis soldados en Hebrón".

“Y también en Nablus, cuando quería entrar a una casa, si pensaba que podía haber una bomba trampa, cogía al mohamed de turno y lo obligaba a que abriera la puerta. Es parte de la rutina del ejército: usar a los palestinos como escudos humanos”.

“Lo mismo cuando estás en un check point, los obligas esperar mucho más de los necesario, a veces durante horas, y coges a un palestino al azar y le das una paliza, de cada quince o veinte que pasan, para que el resto tenga miedo y esté tranquilo. Sólo así, tú que estás con cuatro soldados más los dominas a ellos que son miles”.

“Y cuando entras a Gaza con el carro de combate y ves un coche nuevo, aunque tengas espacio en la carretera, pasas por encima. Y también disparas a los tanques de agua. Para meterles miedo, para que te respeten, porque ésa es la lógica de lo que nos enseñan a los soldados israelíes”.

“Además, eres joven y empiezas a disfrutar de ese poder, de que la gente haga todo lo que les digas. Es como un vídeo juego. Estás en un check point en medio de la ruta, tienes a veinte coches esperando, y con sólo mover el dedo hacen lo que tú quieras. Juegas con ellos. Los haces avanzar, retroceder. Los vuelves locos. Tienes 18 años y te sientes poderoso”.

“Tres meses antes de abandonar el ejército, dirigía una unidad en Hebrón, había hecho una buena carrera, así que tenía tiempo libre. Una mañana me miré ante el espejo y comprendí que todo aquello era un error y supe que no podría seguir adelante con mi vida si no hacía algo. Por eso, apenas salí, junto a los soldados de mi unidad, montamos una exposición con nuestras fotos, se llamaba Traer Hebrón a Tel Aviv”.

“Cayó como una bomba en la sociedad. Vinieron parlamentarios, periodistas. Pasaron siete mil personas. Entonces creamos Breaking the silence, donde damos espacio para que los soldados cuenten los abusos que cometen sistemáticamente. Más de 350 lo han hecho. Ahora tenemos exposiciones y vídeos en Europa, en Israel”.

“Alguna gente dice que son casos aislados. Las madres dicen: mi hijo, que está ahora en el ejército es bueno, no hace estas cosas, esto sólo lo hacen los soldados beduinos o los etíopes. Pero no es cierto. Todos las hacemos, porque es la lógica de la ocupación israelí: aterrorizar a los palestinos”.

“Los check points no sirven para detener a los palestinos de entrar a Israel, es para que la realidad no entre a Israel. Porque ésta es una sociedad de soldados, todos pasamos por el ejército tres años cuando somos jóvenes y luego un mes al año. Y todos hacemos eso. Por eso existe el muro de silencio, de negación, porque todos somos responsables y no lo queremos admitir”.

“Ellos son las víctimas, nosotros los victimarios. Pero como victimarios, también pagamos un precio. Ésta es una sociedad que no se anima a mirar a los ojos a la verdad, a sus propios actos. Es una sociedad, como consecuencia, moralmente enferma”.

lunes, 19 de enero de 2009

INTRODUCCIÓN PARA UN ANÁLISIS DE LOS MOVIMIENTOS FASCISTAS

Tradicionalmente se viene analizando primero el concepto de Fascismo y luego sus representaciones concretas, los movimientos fascistas. Pero este procedimiento tiene el defecto de diferenciar, apriorísticamente y sin base empírica, una serie de manifestaciones históricas que se desarrollaron en el periodo de Entreguerras de otras, estableciendo una oposición de índole maniqueista que en realidad hunde sus raíces en la justificación de los vencedores de la II Guerra Mundial y en un intento por descargar todas las responsabilidades sobre los líderes políticos vencidos. Esa visión sesgada opone frontalmente el capitalismo "constitucional-parlamentario" al fascismo, cuando tanto el fascismo italiano como el nazismo tomaron el poder por la vía constitucional-parlamentaria.

Por el contrario, prescindiendo de cualquier visión idealista y a-histórica, es preciso hablar de movimientos y prácticas fascistas, muy distintos unos de otros pues reflejaban las bases nacionales de los países donde se desarrollaron, que estarían apoyados por una ideología fascista (esa ideología sería lo que corrientemente se confunde con fascismo). De ahí que haya que analizar unos procesos históricos concretos, no estableciendo un esquema teórico que "tiene que cumplirse", sino partiendo de la realidad europea tras la I Guerra Mundial, de las circunstancias concretas en que cada sociedad se hallaba, de las opciones que se plantearon y de las que cada grupo social e individuo pudo y quiso elegir. Así el Fascismo se concebirá no como un concepto inmutable sino como una noción flexible, que se va generando en la propia dialéctica de la investigación histórica.

Evidentemente, los procesos italiano y alemán (referentes obligados del movimiento fascista) tendrán muchos puntos en común. Pero también sustanciales diferencias. Y no nos engañemos. Esas similitudes y diferencias también se podrán establecer con respecto a otros países en los que se niega la existencia del fascismo o se le relega a la figura de movimiento minoritario e intrascendente. Pues, si se analiza la realidad tanto de esos países como de Italia y Alemania, así como las relaciones que entre ellos se establecieron, se comprenderán los nexos políticos, económico-sociales e ideológicos que unen a los movimientos fascistas con los sistemas capitalistas. Por tanto, el fascismo italiano y el nazismo (así como los restantes movimientos fascistas o filofascistas) habrán de considerarse a la luz de su vinculación con el capitalismo, de la crisis existencial de las sociedades capitalistas por las propias contradicciones que encerraban y por la posible respuesta revolucionaria que a esa crisis podía dar el movimiento obrero. Y sólo así, desde el análisis de las circunstancias reales y prescindiendo de toda falsedad ideológica, podremos también comprender el resurgimiento de los movimientos y las prácticas fascistas en nuestra época.

SITUACION TRAS LA I GUERRA MUNDIAL

Cuando concluyó el enfrentamiento bélico, la crisis en la que estaban inmersas las sociedades capitalistas no había sido resuelta. De hecho, los conflictos (tanto entre las diferentes clases sociales como al interior de la clase dominante) seguían vigentes, en las potencias vencedoras, en las vencidas, y en las “neutrales”, pues las tendencias monopolistas de las oligarquías seguían extendiéndose. Y la rivalidad imperialista tampoco se había solucionado. La consolidación de las oligarquías capitalistas implicaba un proceso de bipolarización social en el que importantes contingentes de la pequeña y la mediana burguesía se proletarizaban. Dicho proceso se comprueba en la concentración industrial y comercial y en la fundación de empresas cada vez mayores, lo que llevaba aparejado el empobrecimiento de las empresas más débiles y de sus propietarios, incapaces de mantener una competitividad tan desigual.

A esa situación se unía la toma de conciencia de la clase obrera, que cada vez con más fuerza demandaba una mayor igualdad y derechos políticos. En Rusia, ese movimiento obrero se había lanzado incluso a una revolución que promovía la transformación radical de la sociedad y el establecimiento del socialismo. Y el ejemplo de la U.R.S.S. alentaba y servía como punto de referencia al resto del proletariado internacional, y atemorizaba a la burguesía.

Por tanto, la pequeña y mediana burguesía se veía amenazada en sus intereses tanto por los grandes capitalistas como por el proletariado, por lo que se mostraba receptiva a cualquier oferta que garantizase sus posiciones. Y es ahí donde adquieren sentido los movimientos fascistas, como forma de sacar a flote al capitalismo en crisis basándose en una nueva organización estatal totalitaria, negando la retórica del laissez faire en lo económico, pero retomando sus postulados más radicales en otros campos (el darwinismo social y el racismo, y la justificación y exaltación de la violencia, algo lógico tras la guerra), y planteando el ultranacionalismo y la subordinación ciega al líder (duce, führer, caudillo, ...) como remedio de todos los males. Y, sobre todo, los movimientos fascistas se caracterizarán por propugnar una “ilusión” de marcado corte irracionalista: la eliminación de todo conflicto clasista sin transformar las relaciones sociales de producción. De este modo conjugan las aspiraciones pequeño-burguesas de defensa de la propiedad privada y las tradiciones, con una verborrea demagógica anticapitalista dirigida a negar la necesidad de una revolución para que el proletariado se libere de la explotación. No obstante, para lograr su puesta en práctica, necesitarán del beneplácito y la financiación de aquellas oligarquías, que optaron por ellos como instrumento eficaz para poner freno a cualquier intento de subversión del orden socioeconómico establecido.